jueves, 6 de abril de 2017

UNA NUEVA FASE MIGRATORIA ENTRE MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS

A principios del siglo XXI comienza haber una migración masiva de mexicanos hacia Estados Unidos donde los migrantes esperaban la noche para poder cruzar a Mesa de Otay en San Ysidro, de ahí correr hacia San Diego y poder desplazarse hacia los Ángeles. Sin embargo, los ciudadanos de Arizona comenzaron a tomar medidas al sentirse molestos de que estas personas se escondieran en sus jardines, fueran un peligro para los ciudadanos estadounidenses por lo que tomaron justicia por sus propias manos, armados capturaban a los migrantes.
Para algunos solo fue una molesta la presencia de migrantes, para otra era provechosa puesto que significaba mano de obra barata. Estos trabajadores mexicanos podrían levantar la cosecha, arreglar el jardín, lavar los platos, arreglar el techo, pasear al perro, trabajos que los estadounidenses no quieren realizar. Pero sin duda, las diferentes redes se encargan de incrementar y facilitar el flujo. De esta manera para poder minimizar el gran flujo migratorio a nivel internacional se emplean políticas migratorias motivadas por la oferta y demanda de la mano de obra que ha impulsado en gran medida los desplazamientos internacionales.

En la particularidad entre Estados Unidos y México, el modelo migratorio de la época de los braceros va en contra de una migración familiar y de origen rural. Este acuerdo es una política con un marco legal entre ambos países quienes fijaron términos de contrato como: por una parte, examen médico, desinfección, masculinidad, origen rural y tramite burocráticos: por otra parte, salario, transporte, seguro, hospedaje y duración de contrato. El patrón migratorio es el resultado de la aplicación de una política migratoria, de una ley que pretende llevar a cabo un modelo teórico. 
Estados Unidos da por terminado el programa de Braceros, pero la corriente migratoria sigue su curso donde los trabajadores seguirán siendo indocumentados. La migración ilegal es considerada por algunos políticos como un peligro para la seguridad nacional por lo que se diseñan nuevos modelos. El programa IRCA de 1992 se enfatiza por la pérdida del control fronterizo, reconoce a los trabajadores que ya habían cruzado la frontera y a los que finalmente fueran necesarios para mantener la marcha de la economía estadounidense. Ya no se buscaba el migrante temporal que solo fuera a trabajar para la agricultura sino aquellos que fueran necesarios para los diferentes sectores de la economía, principalmente en el sector de servicios

Fuente de consulta

Durand, Jorge; Massey, Douglas S. Clandestinos, Migración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI, México, Universidad de Zacatecas, 2003, Miguel Ángel Porrúa, capítulo 4, p.p., 167-186.

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